“El acuario del mundo”, como le llamó Jacques Costeau al Mar de Cortés, es la casa del 40 por ciento de los mamíferos marinos en el mundo.

En cada lugar hay una leyenda. Los pescadores de Baja California Sur temían al Pez diablo, como llamaban a las ballenas por su agresividad. Entre pescadores y ballenas uno siempre perdía la batalla.

Se cuenta que Pachico Mayoral, pescador local, se encontraba en la laguna cuando su panga se acercó a una ballena gris. Intentó alejarse, pero sus esfuerzos no dieron resultados. Para su sorpresa, el Pez diablo no lo agredió. Pachico acercó su mano a la ballena y logró acariciarla. Esa tarde de 1972 nació la leyenda de Pachico y una nueva relación entre el humano y la ballena.

Después de su encuentro con el Pez diablo creó la organización Pachico’s Eco Tours, a través de la cual, junto a sus hijos, lleva a cientos de turistas a ver ballenas. La experiencia de Pachico dio origen a una nueva oleada de locatarios que, como él, dejaron la pesca y se convirtieron en portavoces que defienden los sitios naturales de Baja California Sur.

Durante años he retratado la vida en la tierra, así que cuando tuve la oportunidad de fotografiar la vida en el mar —que llega pocas veces—, acepté. Requería de equipo fotográfico sofisticado, una persona que me llevara al lugar exacto y una concepción correcta de la palabra conservación.

Decidí fotografiar la vida en la tierra en San José del Cabo porque esta ciudad se ha convertido en uno de los lugares más divertidos y con mayor oferta cultural de Baja California Sur, ya que cuenta con galerías, restaurantes y artesanías. Aquí la gente es cálida, como Benito Molina, chef de La Revolución. Comedor de Baja California, lugar de cocina de la península que cuenta con platillos locales, ubicado en el centro de San José. Molina también es propietario del restaurante Manzanilla, en Ensenada, que ganó el premio San Pellegrino de los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica.

El Merkado, a cinco minutos de San José y 15 de Cabo San Lucas, cuenta con muchas opciones gastronómicas: sushi, pancakes, hot dogs, ostras, helados, costillas y ensaladas, aunque mi favorito es el menú del Carbón Cabrón: pepino asado con salsa de tortilla y ceniza con mermelada de yogurt; tuétanos con costra de parmesano, camote asado en su cáscara y carne de res cocinada al gusto de cada paladar.

Después de cenar fui al Mixiology Fusion Bar, que se encuentra en el centro de San José. Sólo abre los jueves y sábados y tienen una gran variedad de cócteles. Para entrar hay que dar una contraseña que va cambiando cada semana y cuentan con grandes exponentes de música, aunque su fuerte es el house.

La mañana siguiente visité el mar en Cabo San Lucas. Quería fotografiar atardeceres, contrastes de la naturaleza y descansar de una buena noche de fiesta. Los contrastes de mar y desierto son imágenes difíciles de olvidar, ya que nos enfrentamos a la naturaleza que pocas veces tenemos el tiempo de admirar. El tiempo siempre transcurre de la misma manera, pero parece que frente al mar los días son más largos.

En general, la fotografía es un oficio de cuidado, de concentración y mucha paciencia, pero debajo del mar todas las reglas se maximizan. Un ex pescador —como lo fue Pachico— se ofreció a llevarme en busca de un Pez diablo: el Rhincondon Typus o tiburón ballena, en su bote.

En cuanto me sumergí por completo en el mar un tiburón ballena se acercó a mis pies, como si me diera una cálida bienvenida a su guarida. Olvidé los sonidos de mi alrededor, incluso los que producían mis burbujas de aire al respirar por el tubo de esnórquel. Pataleé lo más rápido que pude y tomé fotos, pero le perdí el paso y se esfumó en las sombras del mar.

Había leído que el tiburón ballena es el pez más grande que existe (puede medir hasta 18 metros), pero tenerlo frente a mí fue tan sorprendente como asombra el mar a una persona que lo ve por primera vez. “Encontraremos más”, me dijo el capitán de regreso en el bote.

En menos de diez minutos vimos otro ejemplar. Regresé al agua lo más rápido que pude y vi un tiburón ballena, flotando en una posición vertical y girando en su propio eje mientras se alimentaba. Los rayos del sol penetraron el agua e irradiaron al animal en una escena impresionante.

Esa tarde entendí porque Jacques Cousteau, investigador y explorador, llamó “El acuario del mundo” al Mar de Cortés. Este lugar es la casa del 40 por ciento de los mamíferos marinos en el mundo y un tercio del total de los cetáceos. Baja California Sur cuenta con 244 islas que son Patrimonio de la Humanidad. También hay trazos de nuestros antepasados en las pinturas rupestres y petrograbados, senderos, magníficos atardeceres, litorales, corales y una iglesia obra de Gustave Eiffel.

Nos alejamos del mar justo a tiempo para ver un atardecer rojo con tonos morados que contrastaban con la arena que cubría mis pies. “Estas playas te envuelven y siempre te recibirán con alguna sorpresa”, pensé.

Este texto es una colaboración entre VICE y Los Cabos.
https://www.vice.com/es_mx/article/wj87wn/mariscos-cocteleria-y-el-pez-diablo-en-los-cabos